Jueves, 06 de noviembre de 2008

Recibo una carta... “Querido Luis: BELLA llegará a nuestro país finalmente el día 7 de noviembre...” Yo me alegro, claro que si. El que me envía la carta la define, como una película llena de vida y alegría.... Y tengo que decir, que yo pienso los mismo. He tenido la suerte de verla en versión original, “inglés-castellano” subtitulada y realmente me ha gustado muchísimo... Es otra cosa..., no las bazofias políticamente-correctas, que hablando de la vida, terminan siendo un canto a la cultura de la muerte, como “mar a dentro”, “camino” y otras que prefiero no recordar... BELLA... La recomiendo. Empieza con una voz... que muchos se pierden, por andar distraídos, como la vida misma... “decía mi abuela..., si quieres hacer reír a Dios cuéntale tus planes...” Creo que a partir de esta frase, se entiende toda la película. Como comprenderéis no cuento nada más... Espero que la podáis ver. Eduardo Verástegui es Director y Actor, junto con otros, han formado la productora “Metanoia Films”. Le escuché en una entrevista en la que comentaba: “todos estamos llamados a ser santos...” Realmente en todo lo que escuché, había mucha claridad y la vida propio del artista, como se suele decir, estaba metida en lo que contestaba al entrevistador... entre todas las cosas que puedo comentar y para no hacerme largo, diré que me encantó cuando dijo y explico: “BELLA es una película que presenta la familia en toda su integridad” a diferencia de otras series o películas que presentan todo lo contrario... Eduardo llevó una vida bastante normal, entendiendo como normal, lo que tantos jóvenes hoy viven y creen que es la verdadera vida. Ciertamente, Eduardo da en el clavo cuando resume el verdadero peligro de nuestra sociedad y mas aun en los jóvenes, pues el también lo vivió y en esta película se muestra con claridad, que con poco que pongas amor, sacarás amor, o con poco que presentes tus necesidades a Dios, ves que Dios no estaba lejos, más bien siempre ha estado a nuestro lado, en medio de sufrimientos o alegrías... el dice “cuando mis sobrinos están por casa y mis padres quieren que les hable como modelo y me preguntan..., intento que puedan encontrarse con Dios, que no me vean a mi, sino a nuestro Señor, pues yo como ser humano estoy expuesto a muchos peligros...”. Desde esta sencillez, la misma película irá mostrando los peligros de esta sociedad que nos está mandando el mensaje erróneo, de que la felicidad se encuentra, en los propios proyectos, en nuestra sola voluntad, en hacer lo que nos apetezca o nos de la gana, sin contar con nada más, dejando sobre todo, a Dios de lado. Eduardo afirmará  “Creo que nuestros sueños, pueden sen nuestros peores enemigos, si estos no van en línea con la voluntad de Dios”. Si podéis verla creo que os gustará. Es muy sencilla..., se nota que no ha sido subvencionada por el Estado y los recursos, aun siendo pocos, consiguen que entres con facilidad en la trama, tan humana y tan de moda..., pero vista con los ojos de alguien que cree en Dios y en sus planes: “la felicidad del hombre” especialmente del más necesitado, del que sufre, del que está solo.


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Publicado por Luis.cu @ 17:35
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S?bado, 01 de noviembre de 2008



Estos días de mucha lluvia, he estado leyendo las Cartas Pastorales del que fue Arzobispo de Valencia (1946-1966) y “Pasó haciendo el bien...”, D. Marcelino Olaechea. Cartas dedicadas a la Caridad y Justicia Social como: “Salario Justo” y otras dedicadas a los empresarios, en las que se atreve a decir: “Que uno viva con abundancia y otro no llegue a poder vivir, que uno coma de sobra y otro no pueda matar el hambre, que uno vista con fausto y otro no pueda cubrir sus carnes, que uno se aloje bajo amplio y lujoso techo y otro no tenga mas techo que el  cielo, el arco de un puente, la hura de las alimañas  o la choza sin luz y sin aire, que uno salve la vida por la medicinas y otro la tenga que perder por falta de ellas, eso es incompatible con nosotros”, o  dice también “El pobre tiene, en primer lugar, derecho al trabajo; si éste falla, derecho al socorro; cuando quiebre éste, derecho a la mendicidad, y cuando aun éste se ha hundido, derecho a tomar lo que es suyo; porque en este momento brilla con luz de evidencia el sello puesto por Dios a las cosas: “para todos”.  Que fuerte y que cierto.

Coincide además, que mientras voy pensando en estas palabras, suenan en el coche -el CD “Abba Pater”- las palabras de Juan Pablo II en la Jornada Mundial del a Paz de 1998: “De la justicia de cada uno, nace la paz para todos. Justicia y Paz no son conceptos abstractos o ideales lejanos. Son valores que constituyen el patrimonio común y que están insertos en el corazón de cada persona. Todos están llamados a vivir en la justicia y a trabajar por la paz: individuos, familias, comunidades, naciones. Nadie puede dispensarse de esta responsabilidad”.

Que importante es esta tarea de la Iglesia, que se nos ha encomendado a los que decimos tener Fe..., es decir, a los que Creemos y Celebramos, pero tantas veces rehusamos el trabajo o la responsabilidad, a la que este texto de nuestro querido Juan Pablo II, nos recordaba: “nadie puede dispensarse”.

Me pongo yo el primero, (aunque esto a veces sea faltar a la buena educación), y me acuso, pues tantas veces no respondo, “hasta que no veo venir al toro...” Todos los días oímos lamentarse, “a los individuos, a las familias, a las comunidades y a las naciones”, bien por la crisis económica, por la falta de valores, por las dificultades, cuando se mira al futuro... “Parece que ya nos ha pillado el toro...”.

Nosotros, ¡Iglesia!, ¡Pueblo de Dios!, ¡Cuerpo de Cristo!, no somos los que debemos lamentarnos y denunciar simplemente, aunque también. Sino que estamos llamados a proclamar la Buena Noticia, mostrar a este mundo, que una nueva vida es posible.

Benedicto XVI dirigiéndose a la FAO (Organización de Naciones Unidas para la agricultura y la alimentación) una vez más, da muestras, de tener los pies en la tierra, es decir, de tener discernimiento y ser persona autorizada, frente a tantos seudo-intelectuales, cargados de poder, pero de poco sentido común.

"El mal no hay que buscarlo en la economía, sino en el corazón mismo de Hombre. Para acabar con el hambre no bastan sesudos estudios científicos, que de cierto ya existen y nunca sobran. Lo que hace falta es "redescubrir el sentido de la persona humana, en su dimensión individual y comunitaria, a partir de la vida familiar, fuente de amor y afecto". Y el punto de partida a este reconocimiento es sencillo: "los bienes de la creación están destinados a todos". Así, la crisis mundial no se reduce al problema financiero, mucho menos a una crisis de valores que orientaría la solución a una actitud filantrópica por parte de los centros del poder. El Papa ha ido al fondo. Estamos ante la crisis de un modelo de civilización que se olvidó del principio y fundamento de toda cultura auténticamente humana, tan sencillo como reconocer que todos somos miembros de la misma especie, que todos somos hermanos".

Que acertadas estas palabras, y que alegría ver la sintonía y la Verdad que brilla, con todo su esplendor, en la Iglesia, aun pasando los años, que nos invita, a plantearnos el nuevo y siempre antiguo estilo de vida, que brota del Evangelio.

No estamos llamados a “sobrevivir” o “malvivir” sino a Vivir una Vida en mayúsculas, y para todos. También para ti y para mi, es esta invitación: ¡Vive según el Evangelio!.

Este grito. Esta llamada. Es constante en el Evangelio que hemos recibido. Es el resumen. Lo contenido en la Palabra de Dios. Desde el principio de los tiempos... “la Ley y los Profetas”, es un clamor que no cesa, en todo el transcurrir de la Iglesia y que hoy se nos recuerda: Construir, sin miedo, con alegría, la Civilización del Amor. Así lo resumía el texto antes citado: “todos están llamados a vivir en la justicia y a trabajar por la paz”.

Aunque no me guste mucho la palabra: compromiso..., en comunión con toda la Iglesia, nuestra Madre, me uno, como no, a este compromiso, sabiendo, que quien se compromete realmente, es el Buen Dios y quien nos despierta de nuestras apatías, nos alienta y nos acompaña, es Jesucristo, “Cuyas delicias son, la felicidad de todos los hombres”.


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Publicado por Luis.cu @ 21:03
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