Jueves, 27 de diciembre de 2007
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Desde la Parroquia de San Pedro Ap?stol de Bu?ol, felicitamos la Navidad a todos, pidiendo al Ni?o Dios, que este a?o que comenzamos este marcado por nuestros mejores deseos, y estos sean: vivir siempre seg?n la voluntad de Dios. La Paz.

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Corona de Adviento.
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?Jos?, hijo de David, no tengas reparo en llevarte a Mar?a, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del
Esp?ritu Santo. Dar? a luz un hijo, y t? le pondr?s
por nombre Jes?s, porque ?l salvar? a su pueblo de
los pecados.? (Mt 1,18-24)
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Nacimiento 2007.
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Ni?o Jes?s de la Parroquia.
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Que admirable misterio: al igual que no se puede impedir a la luz que alumbre, as? no se le puede impedir a Dios que nos ame. Este es el gran regalo de su amor: Paz a los hombres de buena voluntad. Que Jes?s Ni?o nazca y crezca en nuestros corazones para que en nosotros se cumpla el deseo de dicha y felicidad de Dios: Que seamos santos por el amor.

Tags: Navidad, actualidad, felicitación

Publicado por Luis.cu @ 0:37
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S?bado, 08 de diciembre de 2007
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8 de Diciembre: Solemnidad de la Inmaculada Concepci?n. En este d?a tan importante de la Virgen Mar?a, en el que recordamos las acciones del Se?or en favor de su pueblo, cumplidas ya en Mar?a y que esperamos tambien nosotros alcanzar, queremos compartir con todos vosotros, las palabras del Santo Padre en su enciclica "Spe Salvi" dedicadas a la Madre de Dios.
Feliz Adviento y preparaci?n para la Navidad
Mar?a, estrella de la esperanza
49. Con un himno del siglo VIII/IX, por tanto de hace m?s de mil a?os, la Iglesia saluda a Mar?a, la Madre de Dios, como ? estrella del mar ?: Ave maris stella. La vida humana es un camino. ?Hacia qu? meta? ?C?mo encontramos el rumbo? La vida es como un viaje por el mar de la historia, a menudo oscuro y borrascoso, un viaje en el que escudri?amos los astros que nos indican la ruta. Las verdaderas estrellas de nuestra vida son las personas que han sabido vivir rectamente. Ellas son luces de esperanza. Jesucristo es ciertamente la luz por antonomasia, el sol que brilla sobre todas las tinieblas de la historia. Pero para llegar hasta ?l necesitamos tambi?n luces cercanas, personas que dan luz reflejando la luz de Cristo, ofreciendo as? orientaci?n para nuestra traves?a. Y ?qui?n mejor que Mar?a podr?a ser para nosotros estrella de esperanza, Ella que con su ? s? ? abri? la puerta de nuestro mundo a Dios mismo; Ella que se convirti? en el Arca viviente de la Alianza, en la que Dios se hizo carne, se hizo uno de nosotros, plant? su tienda entre nosotros (cf. Jn 1,14)?
50. As?, pues, la invocamos: Santa Mar?a, t? fuiste una de aquellas almas humildes y grandes en Israel que, como Sime?n, esper? ? el consuelo de Israel ? (Lc 2,25) y esperaron, como Ana, ? la redenci?n de Jerusal?n ? (Lc 2,38). T? viviste en contacto ?ntimo con las Sagradas Escrituras de Israel, que hablaban de la esperanza, de la promesa hecha a Abrah?n y a su descendencia (cf. Lc 1,55). As? comprendemos el santo temor que te sobrevino cuando el ?ngel de Dios entr? en tu aposento y te dijo que dar?as a luz a Aquel que era la esperanza de Israel y la esperanza del mundo. Por ti, por tu ? s? ?, la esperanza de milenios deb?a hacerse realidad, entrar en este mundo y su historia. T? te has inclinado ante la grandeza de esta misi?n y has dicho ? s? ?: ? Aqu? est? la esclava del Se?or, h?gase en m? seg?n tu palabra ? (Lc 1,38). Cuando llena de santa alegr?a fuiste aprisa por los montes de Judea para visitar a tu pariente Isabel, te convertiste en la imagen de la futura Iglesia que, en su seno, lleva la esperanza del mundo por los montes de la historia. Pero junto con la alegr?a que, en tu Magnificat, con las palabras y el canto, has difundido en los siglos, conoc?as tambi?n las afirmaciones oscuras de los profetas sobre el sufrimiento del siervo de Dios en este mundo. Sobre su nacimiento en el establo de Bel?n brill? el resplandor de los ?ngeles que llevaron la buena nueva a los pastores, pero al mismo tiempo se hizo de sobra palpable la pobreza de Dios en este mundo. El anciano Sime?n te habl? de la espada que traspasar?a tu coraz?n (cf. Lc 2,35), del signo de contradicci?n que tu Hijo ser?a en este mundo. Cuando comenz? despu?s la actividad p?blica de Jes?s, debiste quedarte a un lado para que pudiera crecer la nueva familia que ?l hab?a venido a instituir y que se desarrollar?a con la aportaci?n de los que hubieran escuchado y cumplido su palabra (cf. Lc 11,27s). No obstante toda la grandeza y la alegr?a de los primeros pasos de la actividad de Jes?s, ya en la sinagoga de Nazaret experimentaste la verdad de aquella palabra sobre el ? signo de contradicci?n ? (cf. Lc 4,28ss). As? has visto el poder creciente de la hostilidad y el rechazo que progresivamente fue cre?ndose en torno a Jes?s hasta la hora de la cruz, en la que viste morir como un fracasado, expuesto al escarnio, entre los delincuentes, al Salvador del mundo, el heredero de David, el Hijo de Dios. Recibiste entonces la palabra: ?Mujer, ah? tienes a tu hijo? (Jn 19,26). Desde la cruz recibiste una nueva misi?n. A partir de la cruz te convertiste en madre de una manera nueva: madre de todos los que quieren creer en tu Hijo Jes?s y seguirlo. La espada del dolor traspas? tu coraz?n. ?Hab?a muerto la esperanza? ?Se hab?a quedado el mundo definitivamente sin luz, la vida sin meta? Probablemente habr?s escuchado de nuevo en tu interior en aquella hora la palabra del ?ngel, con la cual respondi? a tu temor en el momento de la anunciaci?n: ?No temas, Mar?a? (Lc 1,30). ?Cu?ntas veces el Se?or, tu Hijo, dijo lo mismo a sus disc?pulos: no tem?is! En la noche del G?lgota, o?ste una vez m?s estas palabras en tu coraz?n. A sus disc?pulos, antes de la hora de la traici?n, ?l les dijo: ?Tened valor: Yo he vencido al mundo? (Jn 16,33). ?No tiemble vuestro coraz?n ni se acobarde? (Jn 14,27). ?No temas, Mar?a ?. En la hora de Nazaret el ?ngel tambi?n te dijo: ? Su reino no tendr? fin? (Lc 1,33). ?Acaso hab?a terminado antes de empezar? No, junto a la cruz, seg?n las palabras de Jes?s mismo, te convertiste en madre de los creyentes. Con esta fe, que en la oscuridad del S?bado Santo fue tambi?n certeza de la esperanza, te has ido a encontrar con la ma?ana de Pascua. La alegr?a de la resurrecci?n ha conmovido tu coraz?n y te ha unido de modo nuevo a los disc?pulos, destinados a convertirse en familia de Jes?s mediante la fe. As?, estuviste en la comunidad de los creyentes que en los d?as despu?s de la Ascensi?n oraban un?nimes en espera del don del Esp?ritu Santo (cf. Hch 1,14), que recibieron el d?a de Pentecost?s. El ?reino? de Jes?s era distinto de como lo hab?an podido imaginar los hombres. Este ? reino ? comenz? en aquella hora y ya nunca tendr?a fin. Por eso t? permaneces con los disc?pulos como madre suya, como Madre de la esperanza. Santa Mar?a, Madre de Dios, Madre nuestra, ens??anos a creer, esperar y amar contigo. Ind?canos el camino hacia su reino. Estrella del mar, brilla sobre nosotros y gu?anos en nuestro camino.
Dado en Roma, junto a San Pedro, el 30 de noviembre, fiesta del Ap?stol san Andr?s, del a?o 2007, tercero de mi pontificado.
BENEDICTO XVI

Tags: Inmaculada, Acturalidad

Publicado por Luis.cu @ 13:58
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Tags: Biblia, Palabra de Dios, Actualidad

Publicado por Luis.cu @ 3:01
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