jueves, 13 de mayo de 2010



   No se exactamente que es lo que saldrá de aquí, al ponerme a escribir, pero tengo un conocido, que no me deja tranquilo y no deja de arremeter contra mi memoria una y otra vez (le llamaremos diablillo); este dice, que por mucho que te empeñes en arreglar las cosas, es como con una charca, cuanto más la mueves, más sucia se vuelve el agua… y es que cuando todo son problemas no se ve más allá de las narices...
   A los que se pasan el día mirándose en el espejo de sus muchos errores, de sus tremendos pecados…, recordándose: ¡¡¡mereces todas las acusaciones del mundo!!! Todo lo que tú quieras… pero llega el momento en el que la única salida no está en la vuelta a tras… si no en la mirada hacia delante: ¿Donde están tus acusadores…?
   Que difícil resulta, para algunos… Cuando han herido a otros, hasta llevarles a un callejón sin salida… Cuando han perdido todo y no hay ni una miserable moneda en ningún rincón de la casa… Cuando son tantos los pesos del alma, que no ven ni a aquella querida (por ser la última que se pierde) esperanza… Cuando miran por todas partes, y solo les queda miseria y unos hijos creciendo, pero llorando… Cuando después de intentarlo todo, todo está peor que antes de intentarlo… Cuando hasta de las personas más queridas, solo reciben desprecios, reproches, y no pueden arreglar nada por mucho que se esfuercen…
   ¿De quien hablo? Ya sabéis, estamos de crisis… y todo esto que digo y lo que me dejo por decir, no está sacado de las fichas de acogida de Caritas, aunque lo parezca, pero si de aquellos que vienen por aquí y lo único que podemos hacer es entenderles, atenderles o llorar con ellos, quedándose nuestra esperanza medio rota.
   No continúo mucho más, pero quiero decir, que yo también estuve una vez en el día de los nubarrones..., que al final solo quedaba esperar… y la esperanza no defrauda. Nadie puede hacer algo tan malo, que no merezca ni reconocerlo o enmendarlo… Nadie puede haber sido tan ruin, que no exista para el una palabra de esperanza... Nadie merece quedarse en la miseria de la acusación o de los remordimientos, por mucho que se los haya ganado.
   Si alguna vez has pasado por ahí lo entenderás… y si no al tiempo... 
   Recuerdo aquella niña, que después de desear quitarse la vida, pudo contar a un sacerdote, que no tenía a nadie en el mundo y que nadie la quería. Este consiguió que sonriera y que empezara para ella un tiempo nuevo, cuando le dijo, que había llegado ya el momento de amar su historia y buscar a tantos como ella, que no encuentran una nueva oportunidad… La alegría más grande para este sacerdote anciano, fue ver a esta niña, ya crecida, llena de fe, alegrando la vida de tantos, que nunca sospecharon, que también ella un día había perdido la esperanza.
   Al diablo con los diablillos… solo espero un poco de esperanza… eso es lo que me ha dicho hoy un pobre, que ha terminado sonriendo…

Mira este anuncio, es precioso...





Y una oración...


¡Ah Jesús! –díselo tú también– : «ut iumentum factus sum apud te!» – me has hecho tu borriquillo; no me dejes, «et ego semper tecum!» – y estaré siempre Contigo. Llévame fuertemente atado con tu gracia: «tenuisti manum dexteram meam...» – me has cogido por el ronzal; «et in voluntate tua deduxisti me...» – y hazme cumplir tu Voluntad. ¡Y así te amaré por los siglos sin fin! «et cum gloria suscepisti me!»
(San Josemaria)


Tags: actualidad, crisis, esperanza

Publicado por Luis.cu @ 1:51
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