Si, perdónenme ustedes y sobre todo usted Santo Padre, pues no necesita que nadie le defienda o continúe con estos temas, ni un minuto más, pero es que me ha entrado la vena y no he podido dejar de poner un granito o una piedra.
Cada uno diga lo que quiera, pero es que me estoy poniendo malo, con tanto “Post” o tanto comentario de los “Blogs”, amigos o enemigos.
Vamos a ver…, la altura moral, intelectual e histórica (acúdase si se desea a las hemerotecas) de Benedicto XVI, llamado desde el día de su Bautismo, Joseph Ratzinger, no permite ni la mínima duda, ante lo que se está diciendo, comentando o… disculpen el atrevimiento, escupiendo (esto del tachón, se lo he visto a un amigo, no se si evita la gravedad de la palabra o la amplia).
Es una pena dedicar un minuto más a rebatir al País, a la Cuatro, al Gabilondo, a la María Antonia Iglesias, a la Cinco, a la veintitrés o a la Noria… den las vueltas que quieran, oiga quien los oiga, como decía un profesor mío: “quien por su mal sufra, nadie le llore…”. Y es que... ya está bien. Mientras ellos pierden el tiempo, a la distancia de años luz, nosotros entramos a saco, como si pudiéramos esperar que alguien nos atienda.
Gracias a Dios, el Papa, no puede ser puesto al nivel de estos, que se creen alguien, por tener un espacio, unas horas o una audiencia a la que entretener.
Hermanos, ciertamente da pena que algunas bocas pronuncien las preciosas palabras: Evangelio, Iglesia, Santo Padre…, con tal desprecio…, pero lo más importante es que, una vez más, el insulto, la mentira o el asco, hacia lo que tanto amamos, los que hemos conocido el Amor de Dios, debe ayudarnos a reconocer que no es nuestro esfuerzo el que salva, no son nuestras razones las que convencen, no es nuestra inteligencia la que ilumina… Es Dios mismo, en su providencia, cuando quiere y como quiere. Son los testigos, los que viven según predican, son los fieles… contra toda esperanza, es decir: Benedicto XVI y otros tantos, que continúan haciendo el Bien, entre persecuciones. Así se les recordará, una vez gastada y entregada su vida.
Hermanos, ha llegado la hora, en que resuene la pregunta desde el Cielo abierto, por la Resurrección de Cristo: ¿donde están aquellos jóvenes, que aun entre las llamas, seguían permaneciendo fuertes sin renunciar a su fe? ¿Donde está aquel Daniel y aquel Elías? (Esto viene a cuento de la canción que ahora os propongo).
Si… La mejor defensa, no es en este caso, un ataque. Una discusión. Un estrujarse los sesos ante, la invisible para algunos, evidencia.
Hermanos, la Iglesia no perecerá ante los ataques, ni aun ante nuestras infidelidades, pero sufrir, sufrirá porque está: ya, aunque todavía no, en el día sin ocaso, en que la Luz, Jesucristo, brillará para todo hombre, como se nos ha prometido.
Bendito sea Dios.
Pidamos vivir según su voluntad, todo lo demás son perdidas de tiempo, ante la mies que es mucha. Un abrazo.
(Las imágenes no es que valgan mucho, algunas muy duras… también podríamos decir, que el canto es un poco largo, pero la letra es una pasada, vale la pena… ya me diréis)
Tags: Actualidad, Benedicto XVI, Iglesia, Opinión