
No se porqué, pero siempre me han caído simpáticos, estos monitos...
¿Será, porque tantas veces me he sentido identificado con aquellos que están metidos en la indiferencia, la apatía, el sin sentido de la existencia?
Me parecen, este trío de animalejos, una imagen total de nuestra sociedad, en la que yo, claro está, también estoy inmerso. Un mundo que habla por los codos, lleno de imágenes, tantas de ellas… basura, que no está dispuesto ha pensar, ni discernir lo que le viene a trombas… ruidos, movidas, ofertas, humos…
Un monito se tapa los ojos, que pena, pero para lo que hay que ver... otro los oídos, como aquel que no puede soportar tanta avalancha de sandeces, y el siguiente… no quiere hablar, mejor, para no decir nada, es preferible que no entren moscas…
Que negativo me parecía todo, hasta que contemplando los monitos he pensado un rato.
Ya decía alguien: que por favor pensáramos..., lo que sea, pero que pensáramos…
No quiero ser un mono más. O mejor, no quiero ser mono. Estoy harto de mirar y no ver. De oír y no escuchar. Harto de palabras sin sentido…
No me puedo pasar la vida, como el que mira fijo ante si, un objeto cercano y en el trasfondo, parece distinguir, como en reflejo, otro objeto que parecen dos, aun siendo uno solo, y sin levantar la mirada, a lo lejos, se pregunta ¿cual de los dos será real? (Esto que acabo de decir, seguramente, no lo he expresado bien, disculpad mi pobreza y atrevimiento. Es una experiencia visual, que no se como llamarla, pero que es muy fácil de comprobar: en una pared donde hay un cuadro si levantas algo con las manos y lo miras fijamente, el cuadro del fondo parecen dos, ¡menuda chorrada!. Así me parece que tantas veces yo he perdido el tiempo, ¿no se vosotros?).
Vivir lo real y discernir lo bueno, verdadero y bello, es propio del hombre nuevo, renacido en la Pascua. Entretenerse en lo que es probable…, podría ser…, mira que si…, que pasaría..., y tantas otras cuestiones, es la realidad que sufre el hombre viejo.
Por eso digo que pensando, pensando… me ha venido a la mente un salmo, que soluciona el problema de los monitos: “Escucha, hija, mira: inclina el oído, olvida tu pueblo y la casa paterna; prendado está el rey de tu belleza: póstrate ante él, que él es tu Señor. (v. 11-12) Quiero hacer memorable tu nombre por generaciones y generaciones, y los pueblos te alabarán por los siglos de los siglos (v. 18)”. (Salmo 45)
Otro día, comento más.
Tags: actualidad, filosofia, realidad