El martes día 28 de octubre bajaron las campanas de su campanario. Contemplando como estas “tres voces”, fieles, han clamado día a día, durante tantos años, y eran trasportadas para su restauración, sentiamos alegría y pena, un poco de cada. La gente pasaba..., les hacia fotos y recordaba..., contaban..., todos tenían algo que decir. Pensando... Ellas calladamente o de manera sonora, han visto pasar tanto de bueno, verdadero y bello... Gozos y lagrimas, esperanzas y sufrimientos... Pero no dirán nada. Su misión es lo que importa, una nota cada una, es lo único que dicen, cuentan y cantan. Nos acompañaron en nuestras fiestas, en las celebraciones diarias o de solemnidad, en la llegada de nuestros hijos y en la despedida de nuestros antepasados. Por eso las he llamado fieles. Ellas son las que llaman y convocan, siempre, pase lo que pase. Invitan a la Oración, acompañan nuestros sentimientos, proclaman, a su manera la presencia de Dios, el don de la Fe. Que importante es cuando alguien cumple el fin para el que ha sido creado, y cuantas cosas importantes quedan en los que hemos sido testigos de su fidelidad... Tristeza por verlas marchar, pues estaremos un tiempo sin su compañía, sin su música... Pero alegría, pues volverán limpias, arregladas. Serán las mismas..., preciosas y llenas de su antiguo esplendor... Estaremos esperando.