martes, 14 de octubre de 2008

Que pasa... (dice un amigo mío), que cuando más mal estoy, todo parece salir bien. Otro me decía, cuando peor nos sale, mejor... Esto en cuanto a las exigencias que nos proponemos a nosotros o a los otros. ¿De que va el tema? Creo que de espiritualidad... Me vais a perdonar, porque quien escribe, puede decir con el salmo: que de esto... “yo, ni se, ni entiendo”. Pero sigo, con el atrevimiento que da la ignorancia. “Muy a gusto presumo de mis debilidades...” comenta san Pablo, “pues cuando soy débil entonces soy fuerte”. “Es así, como residirá en mi la fuerza de Cristo”. “Por eso vivo contento en medio de mis debilidades”. Esto último... tiene tela. Bueno, veamos si puedo salir de esta. Creo que todos esperamos el éxito, diciendo... que la gloria es para Dios, pero claro, la alegría personal, también. Pero cuando todo en lo personal y afectivo, proyectos e ilusiones... va al contrario, de lo que en nuestra poquedad deseamos. Y para postres todo sale bien, contra lo que pensábamos. Es decir, que nosotros actuamos. No nos sale a nuestro gusto, es más aun nos contradice, pero podemos contemplar los frutos... En esto, te viene una alegría, pero muy diferente a la alegría que siempre buscamos. Dios mío... es cierto que en “nosotros esta la muerte, pero en vosotros la vida...”. No se si alguien podrá entender algo de esto, pero como dice mi amigo, yo lo barrunto... Tenía pues razón, aquella monja al recordarnos, que muchas veces nos quedamos en “nuestras debilidades”, según San Pablo y nos olvidamos, también según San Pablo: “Por eso estoy contento”, “muy a gusto”. En resumen, este artículo quiere ser, una palabra de animo, para aquellos que trabajan en la Viña del Señor, como humildes siervos, rodeados de fracasos, de pecados y muchas veces dispuestos a tirar la toalla. ¡Solo Dios es digno de Confianza!, por eso pidamos “fortaleza en la fe, seguridad en la esperanza y constancia en el Amor”, todo lo demás, aunque no lo entendamos, aunque día y noche nos rebelemos, está en manos de Dios.

Os dejo con esta oración.

Señor, cuando tenga hambre, dame alguien que necesite comida;
Cuando tenga sed, dame alguien que precise agua;
Cuando sienta frío, dame alguien que necesite calor.
Cuando sufra, dame alguien que necesita consuelo;
Cuando mi cruz parezca pesada, déjame compartir la cruz del otro;
Cuando me vea pobre, pon a mi lado algún necesitado.
Cuando no tenga tiempo, dame alguien que precise de mis minutos;
Cuando sufra humillación, dame ocasión para elogiar a alguien;
Cuando esté desanimado, dame alguien para darle nuevos ánimos.
Cuando quiera que los otros me comprendan, dame alguien que necesite de mi comprensión;
Cuando sienta necesidad de que cuiden de mí, dame alguien a quien pueda atender;
Cuando piense en mí mismo, vuelve mi atención hacia otra persona. Amen.

(Madre Teresa de Calcuta)


Tags: Actualidad, Espiritualidad, Sacerdocio

Publicado por Luis.cu @ 21:55
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios