De lo sucedido tras la celebración que tuvo lugar en la madrileña Plaza de Colón el pasado 30 de diciembre se ha dicho mucho aunque, seguramente, aún han de quedar algunas cosas de las que escribir porque lo dicho suena, más que nada, a motivaciones propias de comportamientos egoístas.
Como sabemos, existe una diferencia notable entre lo que es una causa sobre la que apoyar un comportamiento y un motivo para hacer, o decir, lo mismo.
Pues bien, podemos preguntarnos cuál o cuáles han sido las causas que han tenido, consecuencia de su entrada en acción, que el Ejecutivo español haya tenido la reacción que ha tenido a raíz de aquella celebración que, sobre la familia, se gozó en el penúltimo día del año 2007.
Y si miramos con cierto detenimiento el comportamiento de aquellos agentes políticos que, portavoces reales o espontáneos del PSOE, han llevado a cabo, podremos apreciar que se trata, sólo, de una forma de proceder que tiende al desprestigio de los organizadores de tal acto y de todo lo que, de una manera o de otra, se parezca, en algo, a cualquier expresión de lo católico, de sus valores y de la defensa de los mismos.
No puede haber causas, en sí de carácter objetivo, porque lo dicho por las personas que intervinieron no pueden ser origen irrebatible de la existencia de alguna de aquellas.
Y esto porque lo dicho fue, entre otras cosas, lo siguiente:
Para empezar, Benedicto XVI, después del Ángelus de aquel día 30 de diciembre, se dirigió, en castellano, a los asistentes a la celebración (no se ve, aquí, ningún tipo de discrepancia como la que se tratado de sembrar, cual cizaña, entre los católicos, diciendo que en el Vaticano no están de acuerdo con lo hecho y dicho allí) y dijo que la familia "está fundada en la unión indisoluble entre el hombre y la mujer".
Es de suponer que este hecho, tan simple y fácil de entender y de universal seguimiento milenario, habrá causado cierto estupor en aquellos promotores del imposible “matrimonio entre homosexuales” y habrá avivado el cierto odio que tienen hacia la Iglesia porque, a veces, decir las cosas como son no gusta a según qué personas.
Pero también dijo, el Santo Padre, que "constituye un ámbito privilegiado en que la vida humana es acogida y protegida" y que "Vale la pena trabajar por la familia y el matrimonio porque vale la pena trabajar por el ser humano"
Y esto, también dicho así, en aquel momento y en aquella situación, sólo pudo mover, a los asistentes, televidentes y radioyentes de la celebración, a saber que, al menos por la parte vaticana, por la parte papal, no estaban, no estábamos, solos sino que, al contrario, el Pastor que fue Pedro y que le transmitió las llaves de la Iglesia, no nos deja desamparados.
Tal cosa, por supuesto, no pudo causar buena impresión en las personas que, desde ciertos poderes españoles, creían que la celebración no iba a tener importancia y que, de todas formas, se trataba (eso piensan) de unos sectores muy conservadores que en la Iglesia existen y viven.
Pero, entre las personas que intervinieron, muy criticadas todas por los que no miran sino su voluntad propia, el Cardenal Arzobispo de Valencia, don Agustín García-Gasco, puso en evidencia el hecho de que los poderes públicos "deben proteger a la familia" y "nunca socavar sus fundamentos".
Esto, oído por los que, al contrario por lo dicho por don Agustín, promueven legislación que no protege a la familia sino que tratan de destruir atacando, precisamente, los fundamentos de la misma (el divorcio exprés, los mismos e imposibles “matrimonios entre homosexuales”, etc) debió sentar tan mal porque quizá pensaron que se iba contra algunos fundamentos de la democracia que, al parecer, los establecen ellos mismos, sin tener en cuenta ni lo que de natural hay en el derecho ni nada que se aleje de sus gustos y apreciaciones.
También, don Antonio Cañizares, Arzobispo de Toledo, recordó que la familia "es lo mejor que tenemos". Y, abundando en lo dicho por don Agustín García Gasco, dijo que "se ve acechada por un sinfín de graves dificultades" y "ataques de gran calado".
Y esto es, exactamente, lo que, en realidad, sucede. Por eso la idea que, repetitiva y perseverantemente se tenía que poner sobre la mesa, o sobre el atril, era la que era y no otra.
Sin embargo, y precisamente cuando da la impresión de que no se aplaca la intención de zaherir a los convocantes y a los presentes aquel día de diciembre, el Secretario de Organización del PSOE, don José Blanco, ha dicho, presumiendo de serlo, que "Yo, que soy cristiano, quisiera que el Papa me explicara qué es eso de la familia cristiana”
(Este dibujo lo añado yo, por que el nivel intelectual de alguno de nuestros ministros, deja mucho que desear. Igual con este grafico se aclaran)
Pues es muy fácil. Y no hace falta que se lo explique el Santo Padre porque, además, si hubiera prestado algo de atención a lo dicho por el Papa alemán aquel día no hubiera tenido necesidad de preguntar tal cosa.
Pero, de todas formas, lo dice claramente el canon 1055 del Código de Derecho Canónico “La alianza matrimonial, por la que el varón y la mujer constituyen entre sí un consorcio de toda la vida, ordenado por su misma índole natural al bien de los cónyuges y a la generación y educación de la prole, fue elevada por Cristo Señor a la dignidad de sacramento entre bautizados”.
Y entonces, si se es cristiano (y es de suponer que católico), como dice el Sr. Blanco, tendría que ser consecuente con eso que dice que es y acatar lo que, en realidad, es un matrimonio, que da lugar a la familia cristiana. De otra forma, lo único que se le puede decir es que actúa más motivado por motivos o, lo que es lo mismo, por actitudes puramente personales y egoístas y que deja su presunta fe para otro mejor momento.
Porque, al fin y al cabo, cuando se utiliza la fe, como es el caso, para argumentar con ella contra unos miembros de la misma fe que la utilizada, se hace, sobre todo, con una motivación clara y que no tiene nada que ver con ninguna causa sino, al contrario, con puros motivos egoístas y, en este caso, de partido.
Y bien sabido es que el católico, por ser universal, no se somete sino a Dios, a Quien le debe la vida como Creador y a Quien ama como se ha de querer a un Padre y no a ningún grupo particular. Además, y por eso mismo, los derechos que defiende el católico no son particulares (por egoístas) sino, al contrario, de carácter general.
Por eso no hay razones sino motivos en la continua retahíla de críticas a la familia cristiana. Y muy ajenos a la Verdad.
(Articulo de la Revista Ecclesia: Causas que no son sino motivos por Eleuterio Fernández Guzmán).Tags: Actualidad, Familia, Cristianos