viernes, 28 de septiembre de 2007
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¿Qué les pasa hoy en día a los jóvenes? ¿Será que siempre ha sido igual? ¿Los jóvenes que piensan? ¿Qué quieren los jóvenes? ¿Como puede ser, que habiendo padecido todos esta grata enfermedad, nadie tenemos una respuesta clara?.
Quisiera empezar hoy en este BLOG, y a partir de estas preguntas, una serie de artículos, para qué muchos pudiéramos compartir nuestras preocupaciones a cerca de lo que los jóvenes buscan o necesitan.
Recordando siempre el título de este lugar, buscando siempre lo bueno, verdadero y bello que la vida cada día nos ofrece.
¿Qué espera un joven de la vida?. Decía Pablo VI en un encuentro a los jóvenes: “Jóvenes, pensad. Lo que queráis... pero pensad”.
De esto se trata.
Para animar a participar dejo algunas cuestiones a modo de encuesta.
(Prometo, que algún día de estos, yo mismo contestaré).
¿Qué piensas de la juventud de nuestro tiempo?
¿Qué diferencias encuentras con tiempos anteriores?
¿Qué propondrías para tiempos futuros?
¿Cuantas veces aparece la palabra Jóvenes en este artículo?
Je je, era broma. Un toque juvenil. Aquello de..., aunque el tema sea serio, no dejemos de lado el buen humor.
¿Qué preguntas más podríamos hacernos?
Creo que es injusto que todo el mundo hable de lo que quieren, esperan y hacen los jóvenes, y más aun cuando en la palabra jóvenes se generaliza tanto. ¿Todos los Jóvenes? o ¿algunos jóvenes?.
Esta distinción creo que es necesaria y sería interesante, tenerla en cuenta.

Tags: jóvenes, opinión

Publicado por Luis.cu @ 11:44
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Leí en un blog, esta anécdota: “Cierto día que llegué tarde a clase. El maestro me soltó a bocajarro la siguiente pregunta: ¿Qué es más importante: la verdad, la bondad o la belleza?. Aquel tímido muchacho tenía que contestar, no le quedaba otra, sobre todo si quería sentarse cuanto antes y no pasar apuros. En aquel trance, no se le pasa por la cabeza otra cosa que la imagen de su novia. Ya tenía la respuesta: Lo más importante es la belleza. Pero no quedó contento el maestro y como niño insatisfecho soltó la más temible de las preguntas, ¿Por qué?. El alumno suelta lo primero que se le ocurre. Pues... porque la belleza es lo primero que percibimos. Puede sentarse. Me senté, pasó el mal rato, pero la pregunta se sigue moviendo dentro de mí hasta hoy”.
El relato continua, pero yo lo detengo aquí, impidiendo que se me busque por plagio.
La razón del titulo de este blog, parte de estas preguntas sobre lo más importante, y el porque...
Aunque me alargue un poco, quisiera dedicar algunos artículos a este tema. Citar a varios autores, para que todos podamos pensar sobre estas tres palabras, para mi, y para muchos, palabras que se manifiestan en toda su grandeza, en Jesucristo.
De ahí, la foto que acompaña este artículo.
Primera cita, la carta de san Pablo a los Filipenses (4,4vs) “Alegraos en el Señor siempre; lo repito: alegraos. Que vuestra bondad sea notoria a todos los hombres. El Señor está cerca. No os inquietéis por cosa alguna, sino más bien en toda oración y plegaria presentad al Señor vuestras necesidades con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa toda inteligencia, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús. Por lo demás, hermanos, considerad lo que hay de verdadero, de noble, de bueno, de virtuoso, de laudable; practicad lo que habéis aprendido y recibido, lo que habéis oído y visto en mí, y el Dios de la paz estará con vosotros”.
Muchas veces he rezado este texto y pensaba que no podía dejar hoy de citarlo en estas reflexiones. La alegría a la que nos invita san Pablo es la que brota de la contemplación y de la vivencia, de lo bueno verdadero y bello. Creo pues que la alegría sincera, no cualquier alegría, empapa y asegura a las personas la grandeza de estas tres palabras.
Me detengo ahora en un texto precioso que Juan Pablo II recordaba, citando a Juan XXIII, en la encíclica Pacem in terris: “los cuatro pilares de la paz son la verdad, la justicia, el amor y la libertad". "Para ser constructores de paz es preciso, antes que nada, vivir en la verdad". "Mantened, en primer lugar, esa relación verdadera con Dios que requiere conversión personal y apertura a su misterio. El hombre se entiende a sí mismo sólo en relación con Dios, que es plenitud de verdad, de belleza y de bondad". A la verdad va unida la justicia, junto al respeto de la dignidad de toda persona. Sabemos, sin embargo, que sin un amor sincero y desinteresado la misma justicia no podría asegurar al mundo la paz. La paz verdadera florece, en efecto, cuando el odio, la envidia y el rencor son vencidos en el interior del corazón; cuando se dice no al egoísmo y a todo lo que lleva al ser humano a replegarse sobre sí mismo y a defender sólo el propio interés. Si el amor se traduce en gestos de servicio gratuito y desinteresado, en palabras de comprensión y de perdón, el efecto pacificador del amor se ensancha y se extiende hasta alcanzar a toda la comunidad humana. Entonces es más fácil comprender también el cuarto pilar de la paz, es decir la libertad, el reconocimiento de los derechos de las personas y de los pueblos y la libre entrega personal en el cumplimiento responsable de los deberes que competen a cada uno en el propio estado de vida". Ese mismo día Juan Pablo II dirigiéndose a los jóvenes les recordó unas palabras de San Josemaría: "Tarea del cristiano: ahogar el mal en abundancia de bien. No se trata de campañas negativas, ni de ser anti-nada. Al contrario: vivir de afirmación, llenos de optimismo, con juventud, alegría y paz; ver con comprensión a todos" (Surco, n. 864).
Y concluyó con una invitación: "Seguid estas enseñanzas, acoged la paz que Cristo da a quien abre el corazón y difundidla en todos los ambientes".
(El texto es un poco largo pero dice muchísimo. Es una pena que a veces no leamos las cosas deteniéndonos un momento. Profundizando, encontramos la grandeza de las cosas ya que el lenguaje siendo una ayuda es un limite a nuestro deseo rápido de entender, de ahí que hoy se viva superficialmente de "eslóganes")
No sólo estas palabras, que motivan estos artículos, son en conclusión la imagen nítida de Jesucristo; son además, el camino y la búsqueda inquieta del verdadero Cristiano. Y más aun, que se le ofrecen tantas veces sin buscarlas. Así actuan la bondad, la verdad y la belleza de Dios.
Mirad que precioso y que sencillo lo que nos dice El Cardenal Josef Ratzinger, hoy nuestro Santo Padre Benedicto XVI: “El encuentro con lo hermoso puede convertirse en la herida de la flecha que lastima el corazón y de esta manera abre nuestros ojos. Por eso, más tarde, a causa de esta experiencia, conformamos el criterio para el juicio y así podemos evaluar correctamente los argumentos. Para mí, fue una experiencia inolvidable el concierto de Bach que Leonard Berstein dirigió en Munich tras la muerte súbita de Karl Richter. Yo estaba sentado al lado del obispo luterano Hanselmann. Cuando la última nota de una de las grandes cantatas del Cantor de la iglesia de Santo Tomás de Leipzig se disipó en el aire, nos miramos espontáneamente y nos dijimos: ´Todo aquel que ha escuchado esto sabe que la fe es verdad´. La música fue tan extraordinaria, fuerte y real que nos dimos cuenta, no tanto por deducción, sino por el impacto en nuestros corazones, que ella no ha podido originarse de la nada, antes pudo llegar a la existencia gracias al poder de la Verdad que se tornó real en la inspiración del compositor”
La claridad de esta constatación llega a todos con facilidad y centra todo el tema de la importancia. Creo que entre estas tres palabras hay una relación amable y necesaria.
Ahora, sobre este tema, hay alguien que no podía dejar sin nombrar: Hans Urs von Balthasar, el nos dice: “Ante el niño pequeño aparecen unos seres que lo acogen, y, al hacerlo, se le manifiestan claramente, luminosamente, y esa “claritas” o luminosidad los hace aparecer a sus ojos como “bellos”. Recordemos que la belleza es el “esplendor” que acompaña a la verdad, es decir, a la autopatentización de cada realidad. Al manifestarse los familiares como acogedores, se presentan como buenos. Y, al revelarse como buenos, se muestran en toda su riqueza, y, por tanto, en su plena verdad. En la realidad buena, bella, verdadera... de sus familiares se encuentra el niño con la realidad, con el ser. La Metafísica -el estudio profundo del ser o la realidad- arranca de una Antropología que piensa con hondura lo que experimenta el ser humano desde que nace. Los llamados “trascendentales” son la forma en que el ser se revela de modo concreto en cuatro facetas: unidad, verdad, bondad, belleza. Esta revelación luminosa de la riqueza del ser a través de un encuentro de dos o más personas concretas constituye una apelación por parte de un valor, y suscita en quien la percibe un movimiento de respuesta amorosa y de entrega confiada y sobrecogida”.
Es precioso creo yo como todo lo dicho no es pura teoría si no verdadera experiencia. No es el pensar cristiano una mera invención o construcción idealista, es ciertamente experiencia.
En su obra El idiota (III, cap. V), Fedor Dostoievski advierte que “la belleza salvará al mundo”.
Se refiere a la belleza redentora de Cristo. Ante las múltiples calamidades que afligen a las gentes, puede considerarse como un comentario frívolo dedicar tiempo a contemplar realidades bellas. Pero no, al contrario, por eso quería dedicar un tiempo a este tema. La Bondad, la Verdad y la Belleza, son el clamor que todo hombre siente activo en su interior.
Con esto termino, uniéndome a la experiencia, que tantos conocemos, del gran San Agustín: ”¡Tarde te amé, hermosura tan antigua y tan nueva, tarde te amé! Y, sin embargo, Tú estabas dentro de mí, y yo fuera, y por fuera te buscaba; y, deforme como era, me lanzaba sobre las cosas hermosas que Tú creaste. Tú estabas conmigo, pero yo no estaba contigo. Me retenían lejos de Ti esas cosas que, si no estuvieran en Ti, no existirían. Llamaste y clamaste, y rompiste mi sordera; brillaste y resplandeciste, e hiciste huir mi ceguera. Exhalaste tu perfume, y respiré, y suspiro por Ti; gusté de Ti, y siento hambre y sed; me tocaste, y me abrasé en tu paz.”
CONTINUARÉ PENSANDO Y COMPARTIENDO TODO LO QUE ENCUENTRE SOBRE ESTE TEMA.

Tags: La bondad, La verdad, La belleza, reflexión, Jesucristo

Publicado por Luis.cu @ 2:00
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jueves, 27 de septiembre de 2007
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“Que vuestra Reverencia me permita ofrecerme al Corazón de Cristo en holocausto por la paz del mundo... Querría ofrecerme esta misma noche, ahora que son las doce!”. Edith Stein.
Así empieza este precioso librito de Eduardo T. Gil de Muro. “Ahora que son las 12” Así era Edith Stein.
Un libro sencillo. Que cautiva. Que enamora. Que consigue mostrar a esta Santa Moderna, desde su niñez hasta su entrega total a Dios.
Creo que es ideal para emprender el precioso camino del conocimiento de la vida y pensamiento de Santa Teresa Benedicta de la Cruz. Ya digo, es sencillo. Podríamos llamar: para todos los públicos. Consigue, al menos es mi experiencia y por eso lo cuento, crezca un deseo de profundizar en esta Belleza salida de las manos de Dios: “Que jamás llegaría a ser una belleza oficial, pero que tendría siempre el encanto de las cosas verdaderas, el terrible atractivo de lo inteligente espontáneo”.
Edith es una Buscadora de la verdad, lugar donde Dios sale al Encuentro y Edith encuentra lo que busca, como ella dice: "Siempre ha estado lejos de mi pensamiento eso de que la misericordia de Dios está circunscrita a los límites de la Iglesia visible. Dios es la verdad. Y quien busca la verdad, Busca a Dios".
La Verdad, la Cruz, cuantos misterios desvelados en esta gran mujer. Todo lo que nos supera, y es importante en nuestra vida, se hace libro abierto en su vida y en sus escritos. "Fue mi primer encuentro con la cruz y con la fuerza divina que ella comunica a quien la lleva. Por primera vez vi delante de mí a la Iglesia, nacida del dolor del Redentor, en su victoria sobre el aguijón de la muerte. Fue el momento en que se hizo pedazos mi incredulidad y brilló la luz de Cristo, Cristo en el misterio de la Cruz".
Cito aquí algunos textos suyos y otros de este libro para animaros a entrar en la vida de esta, que en la fe, y en la sabiduría divina, es para la Iglesia una hermana mayor. "No se puede adquirir la ciencia de la Cruz más que sufriendo verdaderamente el peso de la Cruz. Desde el primer instante he tenido la convicción íntima de ello y me he dicho desde el fondo de mi corazón: Ave, o Crux, spes unica!".
Estas palabras realmente impresionan: “Yo sólo deseo que la muerte me encuentre en un lugar apartado, lejos de todo trato con los hombres, sin hermanos de hábito a quienes dirigir; sin alegrías que me consuelen, y atormentada de toda clase de penas y dolores. He querido que Dios me pruebe como a sierva, después de que Él ha probado en el trabajo la tenacidad de mi carácter; he querido que me visite en la enfermedad, como me ha tentado en la salud y la fuerza; he querido que me tentase en el oprobio, como lo ha hecho con el buen nombre que he tenido ante mis enemigos. Dígnate, Señor, coronar con el martirio la cabeza de tu indigna sierva.”
Y termino con esta cita y con una dirección que contiene varios escritos suyos. Cuantas veces nos está ocurriendo esto, al menos a mi. Discusiones vanas. Corazones cerrados. Sólo el Espíritu Santo puede ablandar al hombre. "Yo he aprendido que rara vez se puede mejorar a las personas diciéndoles la verdad. Eso sólo puede ayudarles cuando ellas tienen un sincero deseo de mejorar y cuando ellas mismas conceden a alguien el derecho a decírsela".
Espero que disfrutéis tanto como yo, con el encuentro y escucha, de esta preciosa Mujer.
http://www.mercaba.org/FICHAS/Santos/benedicta.htm

Tags: Un libro, Edith Stein, comentario

Publicado por Luis.cu @ 13:15
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miércoles, 26 de septiembre de 2007
fotos.miarroba.com

La verdad es que con tanta pos-modernidad, con tanta sobre abundancia y desmesurada prisa, han pasado las vacaciones y es normal... ahora resulta que en vez de descanso algunos han conseguido la depresión pos-vacacional. Este tiene gracia, por no decir: ¡que pena!.
Yo no he tenido vacaciones, pero he descansado, he cambiado de actividad, como dicen algunos y me ha venido bien. He pasado un verano viendo a la gente ir y venir. La verdad es que para algunos el descanso ha sido agobiante. Lo comprendo. Hasta yo me he cansado en algún momento contemplando tanto trajín.
Supongo que algunos estarán pensando que pronto vendrán, los días de puente, o asuntos propios, o navidad, o pascua, o a lo mejor alguno se convence a fuerza de ilusiones “vanas” que un año pasa pronto y el verano que viene será mejor...
Escribo esto simplemente para insistir en que el problema puede continuar.
No es para aguar la fiesta a nadie. Pero si para que pensemos todos en que la solución puede estar en tomarse las cosas de otra manera.
Igual si reduces la velocidad, no pierdes nada, y las cosas no pasan tan rápido, y las puedes contemplar mejor y casi hasta caerás en la cuenta de que todo lo que nos rodea es precioso.
Auque hemos aprendido, de bien pequeños, que somos el ombligo del mundo, igual no es tan cierto. Aunque nos han marcado a fuego, en contra de todos los refranes, que si corres más, llegarás primero.
¿Pero a donde?. Es la pregunta del millón.¿Para que correr si no sabemos hacia donde?¿y puede ser que lo que buscamos o a donde vamos no está tan lejos?
No te agobies. Detente, quieto aunque sea un rato. Si puede ser, un rato cada día.
No tardarás en ver lo importante que es la vida, que el descanso, la felicidad, y tantas cosas necesarias, están muy cerca. No pierdas tanto el tiempo...
Ya hace siglos que esto se sabe, pero la pos-modernidad, la abundancia y desmesurada prisa, hace que como nuevos-tontos, generación tras generación muchos se hundan en este mal.
No hay mal que por bien no venga. Más aun si después de este verano, tu por fin te decides a tomarte la vida de otro modo. ¡Hay tanto de bueno, verdadero y bello!.
Ya me contaras.

Tags: comentarios, vacaciones, articulo, felicidad

Publicado por Luis.cu @ 11:06
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lunes, 24 de septiembre de 2007
Época trágica la nuestra. Esta generación ha conocido dos horribles guerras mundiales y está a las puertas de un conflicto aun más trágico, un conflicto tan cruel que hasta los más interesados en provocarlo se detienen espantados, ante el pensamiento de las ruinas que acarreará. La literatura que expresa nuestro siglo es una literatura apocalíptica, testimonio de un mundo atormentado hasta la locura.
¡Cuántos, en nuestro siglo, si no locos, se sienten inquietos, desconcertados, tristes, profundamente solos en el vasto mundo superpoblado, pero sin que la naturaleza ni los hombres hablen de nada a su espíritu, ni les den un mensaje de consuelo! ¿Por qué? Porque Dios está ausente de nuestro siglo. Muchas definiciones se pueden dar de nuestra época: edad del maquinismo, del relativismo, del confort. Mejor se diría una sociedad de la que Dios está ausente.
Los grandes ídolos de nuestro tiempo son el dinero, la salud, el placer, la comodidad: lo que sirve al hombre. Y si pensamos en Dios, siempre hacemos de Él un medio al servicio del hombre: le pedimos cuentas, juzgamos sus actos, y nos quejamos cuando no satisface nuestros caprichos. Dios en sí mismo parece no interesarnos. La contemplación está olvidada, la adoración y alabanza es poco comprendida. El criterio de la eficacia, el rendimiento, la utilidad, funda los juicios de valor. No se comprende el acto gratuito, desinteresado, del que nada hay que esperar económicamente.
Hasta los cristianos, a fuerza de respirar esta atmósfera, estamos impregnados de materialismo, de materialismo práctico. Confesamos a Dios con los labios, pero nuestra vida de cada día está lejos de Él. Nos absorben las mil ocupaciones. Nuestra vida de cada día es pagana. En ella no hay oración, ni estudio del dogma, ni tiempo para practicar la caridad o para defender la justicia. La vida de muchos de nosotros ¿no es, acaso, un absoluto vacío? ¿No leemos los mismos libros, asistimos a los mismos espectáculos, emitimos los mismos juicios sobre la vida y sobre los acontecimientos, sobre el divorcio, limitación de nacimientos, anulación de matrimonios, los mismos juicios que los ateos? Todo lo que es propio del cristiano: conciencia, fe religiosa, espíritu de sacrificio, apostolado, es ignorado y aún denigrado: nos parece superfluo. La mayoría lleva una vida puramente material, de la cual la muerte es el término final. ¡Cuántos bautizados lloran delante de una tumba como los que no tienen esperanza!
La inmensa amargura del alma contemporánea, su pesimismo, su soledad... las neurosis y hasta la locura, tan frecuentes en nuestro siglo, ¿no son el fruto de un mundo que ha perdido a Dios? Ya bien lo decía San Agustín: «Nos creaste, Señor, para ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti».
Felizmente, el alma humana no puede vivir sin Dios. Espontáneamente lo busca, aún en manifestaciones objetivamente desviadas. En el hambre y sed de justicia que devora muchos espíritus, en el deseo de grandeza, en el espíritu de fraternidad universal, está latente el deseo de Dios. La Iglesia Católica desde su origen, más aún, desde su precursor, el Pueblo prometido, no es sino la afirmación nítida, resuelta, de su creencia en Dios. Por confesarlo, murieron muchos en el Antiguo Testamento; por ser fiel al mensaje de su Padre, murió Jesús, y después de Él, por confesar un Dios Uno y Trino cuyo Hijo ha habitado entre nosotros, han muerto millones de mártires. Desde Esteban y los que como antorchas iluminaban los jardines de Nerón, hasta los que en nuestros días en Rusia, en Checoslovaquia, en Yugoslavia; ayer en Japón, en España y en Méjico, han dado su sangre por Él. A otros no se les ha pedido este testimonio supremo, pero en su vida de cada día lo afirman valientemente: Religiosos que abandonan el mundo para consagrarse a la oración; religiosas que unen su vida de obreros, en la fábrica, a una profunda vida contemplativa; universitarios animados de un serio espíritu de oración; obreros, como los de la Juventud Obrera Católica, que son ya más de un millón en el mundo, para los cuales la plegaria parece algo connatural y junto a ellos, sabios, sabios que se precian de su calidad de cristianos. Hay grupos selectos de almas escogidas que buscan a Dios con toda su alma y cuya voluntad es el supremo anhelo de sus vidas.
Y cuando lo han hallado, su vida descansa como en una roca inconmovible; su espíritu reposa en la paternidad divina, como el niño en los brazos de su madre (cf. Sal 130). Cuando Dios ha sido hallado, el espíritu comprende que lo único grande que existe es Él. Frente a Dios, todo se desvanece: cuanto a Dios no interesa se hace indiferente. Las decisiones realmente importantes y definitivas son las que yacen en Él.
Al que ha encontrado a Dios acontece lo que al que ama por primera vez: corre, vuela, se siente transportado; todas sus dudas están en la superficie, en lo hondo de su ser reina la paz. No le importa ni mucho ni poco cuál sea su situación, ni si escucha o no sus preces. Lo único importante es: Dios está presente. Dios es Dios. Ante este hecho, calla su corazón y reposa.
En el alma de este repatriado hay dolor y felicidad al mismo tiempo. Dios es a la vez su paz y su inquietud. En Él descansa, pero no puede permanecer un momento inmóvil. Tiene que descansar andando; tiene que guarecerse en la inquietud. Cada día se alza Dios ante él como un llamado, como un deber, como dicha próxima no alcanzada.
El que halla a Dios se siente buscado por Dios, como perseguido por Él, y en Él descansa, como en un vasto y tibio mar. Esta búsqueda de Dios sólo es posible en esta vida, y esta vida sólo toma sentido por esa misma búsqueda. Dios aparece siempre y en todas partes, y en ningún lado se le halla. Lo oímos en las crujientes olas, y sin embargo calla. En todas partes nos sale al encuentro y nunca podremos captarlo; pero un día cesará la búsqueda y será el definitivo encuentro. Cuando hemos hallado a Dios, todos los bienes de este mundo están hallados y poseídos.
El llamado de Dios, que es el hilo conductor de una existencia sana y santa, no es otra cosa que el canto que desde las colinas eternas desciende dulce y rugiente, melodioso y cortante. Llegará un día en que veremos que Dios fue la canción que meció nuestras vidas. ¡Señor, haznos dignos de escuchar ese llamado y de seguirlo fielmente!
(Reflexión personal que el P. Hurtado pidió que se publicara después de su muerte)

Tags: santo, reflexion, actualidad, vocación

Publicado por Luis.cu @ 23:38
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domingo, 23 de septiembre de 2007
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Un día más tropezón... Seré tontooooo.
Enciendo el televisor... y ya están otra vez. “Me aburren estos ateos que siempre están hablando de Dios”.
Primero. Una mentira encima de la otra...es decir,un monton. Para terminar, viendo una pelea de seudo-intelectuales, con perdón, por la parte que toca a la intelectualidad, pontificando y construyendo sobre arena, lo que terminarán afirmando como una gran verdad.
Un día entero, horas y horas discutiendo... sobre el pleito contra Dios, de no se que tipejo, o mejor, lo se, pero no me importa... otro día que si las nulidades matrimoniales... otro día, que si el cura que me casó... otro día, que si las pinturitas de marras... otro que si las bondades de la homosexualidad, el aborto, la eutanasia, los experimentos con embriones... Nada.
Mi decisión es firme. Esta televisión, no es que sea basura, es que la voy a tirar con fuerza, para que nadie la pueda utilizar, al primer contenedor, eso si, para material de este talante, pues somos ecológicos.
Ahora..., es una pena, que en el anuncio tan interesante, en el que se nos invita a tener cuidado de los niños... que si el enchufe... que si la ventana... que si los medicamentos... se hayan olvidado de lo mas importante. Prohibida la televisión hasta la mayoría de edad, y solo entonces, si el nivel de discernimiento está por encima de la media. Esta televisión y sus magnates son nocivos para la salud. No hay antídoto conocido para las enfermedades que provoca y son terribles sus secuelas. He conocido a muchos que no solo han perdido la dignidad, sino que ya no la conocen después de horas enchufados a tanta bazofia.
Que pena. Cuanta acusación. Cuanta calumnia. Cuantas mentiras. Cuanta m... perdonar el atrevimiento... y todo para engordar sin dar ni golpe. No es lo mismo servir a los demás que servirse de los demás. Ni ganar el pan con el sudor de tu frente, que ganarlo con el sudor de enfrente.
Hoy San Pablo en la segunda lectura de la liturgia de la misa me ha ayudado y ha conseguido tranquilizarme: “Te ruego, lo primero de todo, que hagáis oraciones, plegarias, súplicas, acciones de gracias por todos los hombres, por los reyes y por todos los que ocupan cargos, para que podamos llevar una vida tranquila y apacible, con toda piedad y decoro”. (1ªTimoteo 1,1)Voy pues ha empezar por esto. Después lo del contenedor... que no se me ha olvidado. Y tercero. Una campaña contra la mentira. Con todos los medios a mi alcance. El primero, empeñarme en amar la verdad. Servirla. Pues de nada serviría quejarme y ser uno de tantos o peor. Segundo, ni una peseta en audiencias a todo aquello que no solo no me conviene, sino que no me interesa, para perder el tiempo hay cosas mejores, para el espíritu y para el mismo cuerpo. Tercero... si quieres únete y compartamos lo que pensamos de todo esto. Como también decía san pablo: “Quiero que sean los hombres los que recen en cualquier lugar, alzando las manos limpias de ira y divisiones”. (1ª Timoteo 1,8).
Como veras este es el deseo que me ha movido a abrir este BLOG. Servir a la Bondad, la Verdad y la Belleza, en mayúsculas. Un abrazo. La paz.

Tags: telebasura, actualidad, comentarios

Publicado por Luis.cu @ 14:06
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jueves, 20 de septiembre de 2007
fotos.miarroba.com
Este verano la parroquia ha vivido una preciosa experiencia. Uno de entre nosotros ha sido escogido para recibir el Ministerio del Orden Sacerdotal. Nosotros hemos sido testigos de esta vocación. Una llamada que el Señor hizo a Amadeo Ballester, hace ya algunos años, para entregarse a El en beneficio de todos sus hermanos los hombres.
Fue Ordenado sacerdote en Bogotá – Colombia, el 8 de Julio. Le acompañaron, sus padres, y varios hermanos de la comunidad. El 29 de Julio celebró su Primera Misa en nuestra parroquia.
Han sido realmente unos días de gracia y bendición para todos nosotros. Tanto para los que tuvimos la oportunidad de acudir a Bogotá. Como todos los que hemos participado de esta Eucaristía, presidida por primera vez y llena de alegría en nuestra comunidad cristiana de San Pedro Apóstol de Buñol.
Amadeo nos ha recordado estos días como Dios se ha valido de la predicación, para que el se encontrara con Jesucristo Vivo.
Una tarde noche, cansado de la insistencia de su madre, para que se preparara y recibiera el sacramento de la Confirmación, se acerco a la parroquia.
No se le pidió nada más que se sentara y escuchara. Aunque el primer día se quedó de pie en la misma puerta, preguntándose que hacia allí. Poco a poco fue entrando en aquellas palabras que se le estaban anunciando, más aun estas palabras fueron sellándose, mientras el solo daba un poco de tiempo: que Dios le quería tal como era. Como una madre que siente ternura por sus hijos. Y tantas otras que se iban gravando en un corazón, como tantos otros, dolido, cansado de buscar afectos, de comprar amistades, dedicado solamente a si mismo.
Una vez más, en medio de las sufrimientos que todo hombre tiene, cuando uno se encuentra con la cruz, con la Cruz de Cristo, encontró el también la Salvación. Es decir, que Dios, sin aun el saberlo, le estaba amando, y nada podía cambiar ese amor, ni aun con todos sus pecados. Y lo necesitado que estaba el de ese Amor que había estado buscando, y comprando en tantas partes sin encontrarlo y ahora se le presentaba totalmente gratis. No lo rechazó. A partir de este momento empieza un Camino de conversión y de conocimiento de aquel, que no solo nos ha dado la vida, sino que diariamente la cuida con esmerado amor. En el somos, nos movemos y existimos.
Escuchó claramente que se le invitaba a dejarlo todo y seguir los pasos del Pastor de los pastores Cristo Jesús. Se levantó dispuesto a ir donde se le mandase. Y hoy ya sacerdote “ineternum” está como prefecto de disciplina en el seminario misionero “Redemptoris Mater” de Bogota.
Nuestra oración y agradecimiento a Dios por todos estos acontecimientos. Una vez más bendecimos a Dios que no deja de actuar en su Iglesia, como se nos ha prometido: “Yo estaré con vosotros todos los días hasta el fin del mundo”.

Tags: Vocación, Bogotá, Buñol

Publicado por Luis.cu @ 12:27
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La iglesia parroquial esta dedicada al Apóstol Pedro. El templo actual se construyó durante el reinado de Carlos III (finales s. XVIII) es de estilo neoclásico, y entre sus imágenes, existen una Inmaculada de Esteve, y de Ignacio Vergara, el Nazareno, la virgen del Rosario de la Capilla de la Comunión y la bellísima imagen de San José en una de las capillas laterales. Por Bula del Papa Gregorio XIII, dada en Roma a 30 de agosto de 1577, se confirma la erección de esta nueva parroquia de Buñol, bajo la advocación de San Pedro, en 1574. Parece que la construcción se empezó en el año 1633 y se terminó poco más de un siglo después, es decir, por el año 1757, a juzgar por una nota sacada del libro de cuentas de las Clavaría de San Pedro del Altar del año 1649, que dice: "En el año 1633 se empezó y termino la obra del campanario, que duro 91 días". Matías Miguel es el autor del retablo del altar mayor. (El actual, es copia, realizada en yeso y policromías, en el año 2000). Luis Planes (Valencia, 1745.1821) es el autor de los frescos tanto del altar mayor, crucero, como de la capilla. Es el autor conocido de las pinturas de la parroquia de Cheste y los mercedarios de Utiel y su fama se debe a los que realizo en la iglesia y transagrario de la cartuja de Porta Coeli. En el Altar mayor nos encontramos con la Asunción de María a los Cielos. En el crucero diferentes momentos de la vida del titular de la parroquia: San Pedro. Y en la capilla una catequesis pictórica de la Eucaristía. Así también las dos cúpulas del templo, la de la capilla, de gran belleza. Como edificio perteneciente a la parroquia, se encuentra en el paseo de San Luis la ermita de dicho santo, pequeña capilla de estilo neo-gótico, o mejor dicho seudo-gótico (s.XVIII), trazada por el celebre pintor Brel. La fachada de frontón de la ermita está flanqueada por dos estilizados pináculos con varios guardapolvos y por la línea de su cornisa corre como remate una graciosa crestería. En el centro destaca un óculo trebolado y encima de la puerta de arco apuntado con archivolta de yeso, ganchos, cardinas y gablete, sobresale la figura y filigrana de un relieve de columnitas y arcos que sostiene una imposta tallada. Al fondo del altar hay un nicho con ventana policromada de cristal, donde está la imagen del Santo. Lleva una aureola de plata labrada y el manto negro recogido en pliegues bajo los brazos; y en sus manos extendidas, el libro y el cáliz.

Tags: Parroquia, Buñol, Historia

Publicado por Luis.cu @ 11:42
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Una imagen que quiero compartir con vosotros.
La paz.

Tags: Benedicto, JuanPablo, Cruz

Publicado por Luis.cu @ 0:24
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martes, 18 de septiembre de 2007
Queridos niños: Para que las gentes puedan convivir en paz y libertad no se ha inventado hasta ahora nada mejor que la democracia, que consiste en que las personas gocen de las llamadas libertades públicas, como las de expresión, conciencia, religión, reunión o asociación, y también de derechos llamados fundamentales, como el derecho a la vida, a la integridad física y moral, a la propiedad privada, a la inviolabilidad de su domicilio y sus comunicaciones o a obtener justicia en juicios justos. Los conflictos entre personas y grupos los resuelven jueces independientes del poder. La mayoría de los ciudadanos elige a sus gobernantes cada cierto tiempo en elecciones libres y secretas, y cada cual se forma su criterio gracias a medios de comunicación igualmente libres, gracias a lo que se llama libertad de Prensa.
Todos están bajo el imperio de la ley, incluidos los gobernantes y los mismos legisladores, de forma que las leyes se obedecen o se cambian, pero no se deben incumplir. Eso, en esencia, es la democracia y el Estado de Derecho. Así es, en sus líneas esenciales, una democracia digna de este nombre. Como se ve, este sistema no garantiza ni que las leyes sean justas, ni que los gobernantes no hagan disparates, ni que los jueces no estén vendidos, ni que los medios de comunicación digan la verdad. Para los comportamientos ilícitos de periodistas, gobernantes o jueces hay leyes que los castigan, pero no ocurre lo mismo con las leyes injustas o con los disparates de los Gobiernos: contra las leyes injustas, si van contra la Constitución, está un Tribunal Constitucional que puede anular esa ley; contra los disparates de los Gobiernos, el modo de corregirlos son precisamente las elecciones, en las que la mayoría puede desplazar del poder a quienes lo ostentan y sustituirlos por otros que dejen de hacer disparates. Pero mientras las leyes digan lo que dicen y los gobernantes sean los que son, aquéllas han de ser cumplidas y éstos han de ser obedecidos. Ocurre, sin embargo, que algunas leyes y algunas órdenes de los Gobiernos pueden entrar en conflicto con algunas libertades públicas o derechos fundamentales. Para esos casos, en una democracia hay dos modos lícitos de actuar: uno es el ya mencionado de acudir al Tribunal Constitucional para de anule esas normas; el otro sólo puede usarse cuando se plantea un conflicto de conciencia, y se llama objeción de conciencia, que en las democracias está previsto, por ejemplo, para los pacifistas que, allí donde existe un servicio militar obligatorio, se niegan a empuñar las armas al servicio de su país. En esos casos suele establecerse una actividad sustitutoria del objetor para que no vaya a la cárcel por negarse a cumplir esa ley. También se puede eximir al objetor de una obligación legal sin imponerle ninguna actividad sustitutoria, como ocurre, por ejemplo, con los médicos que se niegan a practicar abortos en los hospitales públicos. Lo que no es democrático es obligar a un objetor de conciencia a cumplir una ley o enviarlo a la cárcel si no lo hace. Ésta es la primera lección de Educación para la Ciudadanía.
Como su nombre indica, los habitantes de un país libre no son súbditos, sino ciudadanos; los gobernantes no son déspotas, sino empleados públicos; y en una democracia las personas no están para las leyes, sino que las leyes están para las personas; por eso en las democracias rige el imperio de la ley, pero se salvaguarda la conciencia de las personas.
Lo contrario de la democracia es el despotismo, que si se ejerce en nombre de una ideología recibe el nombre de totalitarismo. Debemos estar siempre vigilantes contra eso, que a veces se presenta muy bien disfrazado.
por Ramón Pí.

Tags: Democracia, Ciudadania, Educación

Publicado por Luis.cu @ 18:22
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Diversas reacciones ha producido en la Iglesia católica latinoamericana la postura del presidente de Venezuela, Hugo Chávez, tras asumir por tercera ocasión la primera magistratura de su país al declarar que Cristo ha sido «el más grande socialista» de la historia. A la reacción de la Conferencia Episcopal de Venezuela, se han unido voces de diferentes sectores de la Iglesia para matizar tanto ésta como otras afirmaciones de carácter religioso del mandatario venezolano. La mayor parte de ellas señala la experiencia que se ha tenido del socialismo real durante el siglo XX, sobre todo en la antigua Unión Soviética y los países de Europa del Este. A las críticas se ha unido monseñor Felipe Arizmendi Esquivel, obispo de San Cristóbal de las Casas, en Chiapas, al sur de México, quien ha emitido un comunicado que reproducimos por la importancia que reviste el tema, sobre todo para la Iglesia y el futuro del catolicismo en América Latina.
CRISTO, ¿EL MÁS GRANDE SOCIALISTA?
VER: El pasado 11 de enero, el Presidente de Venezuela, Hugo Chávez, al jurar para un tercer mandato de seis años, con la posibilidad de promover una reelección sin límite, dijo que lo hacía en nombre de «Cristo, el más grande socialista de la historia».
Por la tarde del mismo día, Daniel Ortega, al asumir la presidencia de Nicaragua para los próximos cinco años, sostuvo que «debe imperar el reino de Cristo y no el reino de las guerras, del empobrecimiento o de la destrucción de la naturaleza». Es el mismo comandante que, hace años, cuando los obispos empezaron a criticar las desviaciones marxistas del sandinismo, afirmó: «Yo creo en Cristo, pero no en los Obispos».
No faltaron personas, en tiempos en que el marxismo estaba vigente, que sostenían: «Cristo fue el primer marxista de la historia». ¿Qué decir al respecto? ¿Se pueden sostener estas afirmaciones, según la doctrina católica?
JUZGAR: Ante todo, hay que distinguir qué se entiende por socialismo. Si se le hace equivalente al marxismo, que es un materialismo cerrado a la trascendencia, centrado en la economía y en la buena intención de hacer a todos iguales, obstruyendo las libertades individuales y la iniciativa personal, es obvio que este socialismo ya está superado por la historia. Si se pretendiera poner a Cuba como modelo de este sistema, habría que preguntar a los cubanos por qué tantos de ellos hacen angustiosos intentos por huir de su país. Son innegables algunos logros en salud, alfabetización, instrucción escolar, trabajo, aunque mal remunerado, y un mínimo de alimentos, racionados, pero a costa de derechos humanos fundamentales, sobre todo de la libertad religiosa. Es obvio, por tanto, que si al sistema socialista se le identifica con el marxismo, Cristo no es socialista.
En cambio, si por socialismo se entiende la lucha para que el sistema social, político y económico sea justo y solidario, sobre todo para que los pobres vivan con la dignidad que Dios quiere, eso está muy de acuerdo con lo que Cristo vino a enseñar. Su mayor preocupación fue que aprendiéramos a amarnos como hermanos, con una opción solidaria por los marginados. Esa es la prueba de que en verdad lo hemos comprendido y de que somos discípulos suyos. Por lo que hayamos hecho a favor de los excluidos, seremos evaluados al fin de nuestra historia, y mereceremos el cielo o el infierno.
Los primeros cristianos se distinguían por compartir fraternalmente sus bienes, de modo que entre ellos no había quien padeciera necesidad. Si esto es lo que se pretende poner en práctica cuando se habla de socialismo, ¡bienvenido! Y todos hemos de comprometernos en ponerlo en práctica, pues en ello se juega nuestra identidad cristiana. Sin embargo, esto no se puede lograr pisoteando derechos inalienables de las personas y de las sociedades.
Al respecto, es ilustrativo lo que acaba de expresar el Presidente de la Conferencia Episcopal de Venezuela, monseñor Ubaldo Santana: «El presidente ha anunciado su decisión de impulsar a Venezuela por el camino del “socialismo del siglo XXI”. Este tema no debe dejar a nadie indiferente. La Iglesia tiene una palabra que ofrecer al respecto y está dispuesta a dar su contribución en el diseño de este proyecto, manteniéndose fiel a los postulados del Evangelio y de la Doctrina Social de la Iglesia: el reconocimiento de la unidad de la persona, de su trascendencia y de su libertad en sus múltiples dimensiones, defensa y garantía de sus derechos humanos, independencia y equilibrio de los poderes. Bien conocida es la posición de la Iglesia que considera contrarios al verdadero desarrollo humano tanto el sistema fundamentado en el neoliberalismo salvaje, como los sistemas socialistas que se fundamenten en el marxismo-leninismo. Al hablar de socialismo del siglo XXI, se puede entender que se quiere deslindar o por lo menos diferenciar de los socialismos reales del siglo pasado que tanto sufrimiento, dolor y muerte trajeron a la humanidad».
¿A qué se debe que propuestas, como las de Hugo Chávez, tengan tantos seguidores? Sigamos escuchando a monseñor Santana: «Las utopías de diversos cortes revolucionarios han vuelto por sus fueros luego de un largo eclipse en América Latina, montadas en la ola del desencanto provocado por el fracaso de democracias representativas, fundamentadas en modelos capitalistas neoliberales que no fueron capaces de eliminar las flagrantes desigualdades sociales y superar la grave lacra de la pobreza... Algunos de los cambios políticos que se están produciendo llevan en sus entrañas una poderosa aspiración de edificar un orden más justo de la sociedad y del Estado. Intentan darle voz y poder a los excluidos del mundo. La causa es legítima, pero ¿cómo saber si se están utilizando las estrategias adecuadas? El Estado no se puede encargar solo de tan compleja e ingente tarea. Lo que hace falta no es un Estado que regule y domine todo, sino que generosamente reconozca y apoye, de acuerdo al principio de subsidiaridad, las iniciativas que surgen de las diversas fuerzas sociales».
ACTUAR: Seamos críticos ante quienes invocan el nombre de Dios para justificar el terrorismo, las guerras, los sistemas explotadores de los pobres, los totalitarismos inhumanos, las represiones indebidas. De igual manera, sepamos discernir los hechos reales, no los discursos, de quienes invocan a Cristo para implantar sistemas distintos u opuestos. Jesús es muy claro: «No todo el que me llame ‘Señor, Señor’, entrará en el Reino de los cielos, sino el que haga la voluntad de mi Padre celestial» (Mt 7,21). Y la voluntad de Dios Padre es la justicia, la opción por los pobres, el amor mutuo; no los insultos, la vanidad, el poner la confianza en los recursos económicos, la obstrucción de la justa libertad.

+ Felipe Arizmendi Esquivel
Obispo de San Cristóbal de Las Casas

Tags: Socialistas, actualidad, politica, catolicos, democracia

Publicado por Luis.cu @ 18:14
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sábado, 15 de septiembre de 2007
fotos.miarroba.com
....Creo que el mayor enemigo de la paz hoy en día es el aborto, porque es una guerra contra el niño, la muerte directa del niño inocente, asesinado por su misma madre. Y si aceptamos que una madre asesine a su propio hijo, ¿qué podemos decir de las personas que se matan entre sí? ¿Cómo podemos convencer a una mujer de que no aborte? Debemos persuadirla con amor, y recordar que amar significa entregarse completamente. Jesús entregó su vida por amor a nosotros. Así, una madre que está pensando en abortar debería ser ayudada a amar; es decir, a poner en lugar secundario sus proyectos y su tiempo libre, y a respetar la vida de su hijo. También el padre del niño, quienquiera que sea, debe mostrarse disponible.
Mediante el aborto, la madre no aprende a amar, sino que asesina a su propio hijo para resolver sus problemas. Mediante el aborto, el padre dice que no quiere asumir ninguna responsabilidad respecto al hijo que ha engendrado. Es muy probable que el padre se halle en la misma situación difícil de la madre. Todo país que acepta el aborto es porque su gente no ha aprendido a amar, sino que recurre a la violencia para obtener lo que quiere.
Por eso, el mayor destructor del amor y la paz es el aborto. Mucha gente se preocupa por los niños de la India y de África que mueren de hambre. Mucha gente se preocupa también por la violencia que penetra en los adolescentes de ese inmenso país que es Estados Unidos. Todas estas preocupaciones son justificadas. Pero con frecuencia esa misma gente no se conmueve por los millones de niños que son asesinados gracias a la decisión deliberada de sus propias madres. El mayor destructor de la paz hoy en día es el aborto, que causa en las personas una gran ceguera. Por ello, lanzo un llamamiento: «No nos olvidemos de los niños». El niño es un don de Dios a la familia. Cada niño ha sido creado a imagen y semejanza de Dios para que realice grandes obras; en otras palabras, para amar y ser amado.
Debemos poner nuevamente al niño en el centro de nuestros cuidados y nuestras preocupaciones. Es el único modo en que nuestro mundo puede llegar a sobrevivir, dado que nuestros niños son la única esperanza para el futuro. Cuando los ancianos son llamados a la presencia de Dios, sólo sus hijos pueden tomar su lugar.
Dios nos dice: «Aunque una madre pueda olvidarse de su hijo, yo no me olvidaré de ti. Te he esculpido en la palma de mi mano». Nosotros estamos esculpidos en la palma de su mano. El niño que todavía no ha nacido ha sido esculpido en la mano de Dios desde su concepción y ha sido llamado por Dios a amar y ser amado, no sólo ahora, en esta vida, sino para siempre, en la eternidad. Dios no se olvida nunca de nosotros.
Le puedo narrar una experiencia muy hermosa. Estamos combatiendo el aborto con la adopción, esto es, mediante el cuidado de la madre y la adopción de su hijo. Estamos salvando miles de vidas. Hemos enviado este mensaje a las clínicas, a los hospitales y a las comisarías de Policía: «Por favor, no maten al niño; nosotros nos ocuparemos de él». De esta forma, tenemos siempre alguien que dice a la madre: «Ven, te cuidaremos, y conseguiremos una casa para tu hijo». Por eso tenemos una gran demanda de parejas sin niños. Pero nunca doy un niño a una pareja que haya hecho algo para no tener un niño. Jesús dijo: «El que reciba a un niño como éste en mi nombre, a mí me recibe». Al adoptar un niño, esas parejas reciben a Jesús; por el contrario, al abortar, rechazan a Jesús. Por favor, ¡no matéis a los niños! Yo los quiero. Por favor, dadme a sus niños. Con mucho gusto acepto todos los niños que morirían a causa del aborto. Los daré a matrimonios que los amarán y que, a su vez, serán amados por ellos. En nuestra «Casa del niño» en Calcuta hemos salvado va del aborto a más de tres mil niños. Esos niños han llevado amor y alegría a sus padres adoptivos, y han crecido en un ambiente de amor y alegría.
Sé bien que el matrimonio ha de proyectar su vida familiar, y para esto se requiere el método natural de planificación familiar. Al destruir el poder de dar la vida con la anticoncepción, el marido y la esposa se dañan a si mismos. Esto hace que centren toda su atención en sí mismos y que destruyan el don de la vida que hay en ellos. Al revés, cuando el marido y la esposa se aman verdaderamente, cada uno dirige toda su atención al otro, de modo recíproco, recurriendo al método natural de planificación familiar, y nunca a los métodos anticonceptivos. Una vez que el amor vivo se destruye con el uso de los métodos anticonceptivos, el aborto es algo que entra fácilmente en la mentalidad de la pareja.
Sé también que existen grandes problemas en el mundo, que muchos esposos no aceptan el método natural de planificación familiar. Desde luego, no podemos solucionar todos los problemas que existen en el mundo, pero no dejemos de luchar contra el peor de todos ellos; es decir, la destrucción del amor. Es lo que hacemos cuando hablamos con la gente que practica la anticoncepción y el aborto.
Como muestra el ejemplo de tantas familias, Dios no se olvida nunca de nosotros. Hay algo que tanto usted como yo podemos hacer siempre: podemos conservar la alegría del amor de Jesús en nuestro corazón, y compartirla con todas personas que encontramos en nuestra vida. Tratemos de lograr que la madre ame a su hijo, lo cuide y lo proteja; que no lo asesine, ni lo sacrifique. Y demos nuestro amor de manera ilimitada, siempre con una sonrisa.
Si recordamos que Dios nos ama, y que tenemos que amar a los demás como El nos ama, los Estados Unidos pueden llegar a ser un ejemplo de paz para todo el mundo. Desde aquí hay que enviar al mundo un testimonio de nuestra preocupación por los más débiles de los débiles; es decir, por los niños que todavía no han nacido. Si usted logra que resplandezca la luz de la justicia y la paz en el mundo, se hará real lo que los fundadores de su país declararon
.
(Resumen de la Carta de la Madre Teresa de Calcuta al Presidente de los Estados Unidos; 23 de febrero de 1994)

Tags: aborto, politica, teresadecalcuta, santidad

Publicado por Luis.cu @ 15:53
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