jueves, 27 de septiembre de 2007
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“Que vuestra Reverencia me permita ofrecerme al Corazón de Cristo en holocausto por la paz del mundo... Querría ofrecerme esta misma noche, ahora que son las doce!”. Edith Stein.
Así empieza este precioso librito de Eduardo T. Gil de Muro. “Ahora que son las 12” Así era Edith Stein.
Un libro sencillo. Que cautiva. Que enamora. Que consigue mostrar a esta Santa Moderna, desde su niñez hasta su entrega total a Dios.
Creo que es ideal para emprender el precioso camino del conocimiento de la vida y pensamiento de Santa Teresa Benedicta de la Cruz. Ya digo, es sencillo. Podríamos llamar: para todos los públicos. Consigue, al menos es mi experiencia y por eso lo cuento, crezca un deseo de profundizar en esta Belleza salida de las manos de Dios: “Que jamás llegaría a ser una belleza oficial, pero que tendría siempre el encanto de las cosas verdaderas, el terrible atractivo de lo inteligente espontáneo”.
Edith es una Buscadora de la verdad, lugar donde Dios sale al Encuentro y Edith encuentra lo que busca, como ella dice: "Siempre ha estado lejos de mi pensamiento eso de que la misericordia de Dios está circunscrita a los límites de la Iglesia visible. Dios es la verdad. Y quien busca la verdad, Busca a Dios".
La Verdad, la Cruz, cuantos misterios desvelados en esta gran mujer. Todo lo que nos supera, y es importante en nuestra vida, se hace libro abierto en su vida y en sus escritos. "Fue mi primer encuentro con la cruz y con la fuerza divina que ella comunica a quien la lleva. Por primera vez vi delante de mí a la Iglesia, nacida del dolor del Redentor, en su victoria sobre el aguijón de la muerte. Fue el momento en que se hizo pedazos mi incredulidad y brilló la luz de Cristo, Cristo en el misterio de la Cruz".
Cito aquí algunos textos suyos y otros de este libro para animaros a entrar en la vida de esta, que en la fe, y en la sabiduría divina, es para la Iglesia una hermana mayor. "No se puede adquirir la ciencia de la Cruz más que sufriendo verdaderamente el peso de la Cruz. Desde el primer instante he tenido la convicción íntima de ello y me he dicho desde el fondo de mi corazón: Ave, o Crux, spes unica!".
Estas palabras realmente impresionan: “Yo sólo deseo que la muerte me encuentre en un lugar apartado, lejos de todo trato con los hombres, sin hermanos de hábito a quienes dirigir; sin alegrías que me consuelen, y atormentada de toda clase de penas y dolores. He querido que Dios me pruebe como a sierva, después de que Él ha probado en el trabajo la tenacidad de mi carácter; he querido que me visite en la enfermedad, como me ha tentado en la salud y la fuerza; he querido que me tentase en el oprobio, como lo ha hecho con el buen nombre que he tenido ante mis enemigos. Dígnate, Señor, coronar con el martirio la cabeza de tu indigna sierva.”
Y termino con esta cita y con una dirección que contiene varios escritos suyos. Cuantas veces nos está ocurriendo esto, al menos a mi. Discusiones vanas. Corazones cerrados. Sólo el Espíritu Santo puede ablandar al hombre. "Yo he aprendido que rara vez se puede mejorar a las personas diciéndoles la verdad. Eso sólo puede ayudarles cuando ellas tienen un sincero deseo de mejorar y cuando ellas mismas conceden a alguien el derecho a decírsela".
Espero que disfrutéis tanto como yo, con el encuentro y escucha, de esta preciosa Mujer.
http://www.mercaba.org/FICHAS/Santos/benedicta.htm

Tags: Un libro, Edith Stein, comentario

Publicado por Luis.cu @ 13:15
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